La mañana del 28 de abril de 2025, España vivió uno de los apagones más significativos de su historia reciente. A las 12:33 horas, una pérdida súbita de 15 gigavatios en cinco segundos dejó a toda la Península Ibérica sin suministro eléctrico, afectando a aproximadamente 60 millones de personas . Este evento no solo paralizó infraestructuras críticas como hospitales, aeropuertos y redes de transporte, sino que también puso en evidencia la fragilidad emocional de una sociedad altamente dependiente de la tecnología.​

En este artículo, exploraremos qué es la ansiedad social, cuáles son sus causas y síntomas, y, sobre todo, qué estrategias prácticas y terapéuticas pueden ayudarte —o ayudar a tus pacientes— a gestionarla de forma efectiva.

La psicología del apagón: miedo, ansiedad y desorientación

La oscuridad repentina y la pérdida de control generan respuestas emocionales intensas. La conexión entre oscuridad y miedo tiene raíces ancestrales, asociadas a la inseguridad y la vulnerabilidad. La falta de información y la incertidumbre sobre la duración del apagón incrementan la ansiedad colectiva. Además, la desconexión de dispositivos digitales y redes sociales puede intensificar el sentimiento de aislamiento y desorientación, especialmente en personas que viven solas o que dependen de la tecnología para su bienestar emocional.

El silencio tecnológico: dependencia y síndrome de abstinencia digital

El apagón reveló la profunda dependencia de la sociedad moderna de la tecnología. La falta de acceso a internet, televisión y dispositivos electrónicos dejó a muchos sin medios para informarse o entretenerse. Este «vacío digital» generó incomodidad y ansiedad en individuos acostumbrados a la estimulación constante. Para algunos, esta desconexión forzada fue una oportunidad para la reflexión y la introspección; para otros, representó una fuente de estrés y malestar.​

Reacciones colectivas e individuales

La respuesta de la población ante el apagón fue diversa. Mientras algunos salieron a la calle en busca de información o para ayudar a otros, otros se refugiaron en la incertidumbre. Las redes sociales se inundaron de mensajes de angustia y solidaridad, aunque también de desinformación. La necesidad de comunidad y cooperación se hizo evidente, con vecinos compartiendo recursos y apoyándose mutuamente. Sin embargo, la falta de comunicación efectiva y la escasez de recursos limitaron estas respuestas positivas.

¿Qué recomiendan los psicólogos? Estrategias para afrontar emocionalmente un apagón

Los profesionales de la salud mental coinciden en que, aunque los apagones pueden generar ansiedad, desorientación y estrés, existen estrategias efectivas para reducir su impacto psicológico. Las recomendaciones más destacadas incluyen:


1. Preparación emocional y práctica

  • Anticiparse mentalmente a lo inesperado: No es posible prever un apagón, pero sí entrenar nuestra mente para afrontar la incertidumbre. La práctica de la atención plena (mindfulness) y técnicas de respiración pueden ayudar a mantener la calma en momentos críticos.

  • Crear planes familiares o personales: Tener linternas, baterías, agua, alimentos no perecederos y un plan de comunicación ayuda a reducir la sensación de caos y pérdida de control.

2. Fortalecer la resiliencia psicológica

La resiliencia es la capacidad de adaptarse a situaciones adversas. Según la Asociación Americana de Psicología, se puede fomentar mediante el establecimiento de rutinas, el mantenimiento de vínculos sociales, y la práctica de la gratitud incluso en momentos difíciles.

3. Desarrollar una relación más sana con la tecnología

Los apagones pueden ser una oportunidad para revisar nuestro grado de dependencia digital. Establecer momentos regulares de desconexión voluntaria, como “días sin pantallas” o actividades sin dispositivos, puede reducir el impacto emocional cuando la tecnología falla.

4. Promover la conexión comunitaria

La solidaridad vecinal y el contacto humano directo son factores de protección emocional clave. Psicólogos recomiendan fomentar redes de apoyo locales, incluso antes de que ocurra una crisis, ya que sentirse parte de una comunidad reduce la percepción de amenaza.

5. Transformar la experiencia en aprendizaje

Finalmente, los especialistas en psicología positiva sugieren reinterpretar la experiencia como una oportunidad de crecimiento personal. Reflexionar sobre cómo reaccionamos y qué aprendimos del apagón puede ayudarnos a encarar futuros desafíos con mayor fortaleza.

El apagón del 28 de abril de 2025 nos enseña que, aunque la tecnología ofrece innumerables beneficios, también nos hace vulnerables. La dependencia de sistemas eléctricos y digitales puede desencadenar crisis emocionales cuando estos fallan. Es esencial cultivar resiliencia, flexibilidad y conexión más allá de lo digital. Prepararse emocionalmente para lo inesperado y valorar las relaciones humanas y los recursos tradicionales puede ser clave para enfrentar futuras emergencias con mayor fortaleza psicológica.

Y busca ayuda profesional si es necesario. En Psiken podemos ayudarte, si tras un apagón aparecen síntomas persistentes de ansiedad, insomnio, irritabilidad o tristeza profunda, es recomendable consultar a un psicólogo clínico. La intervención temprana puede prevenir el desarrollo de trastornos más serios como el estrés postraumático.